Este Blog ha sido creado para las noticias de la actualidad nacional e internacional. Con opiniones personales que no necesariamente representan al colectivo.
martes, 9 de marzo de 2010
$100 ... no es nada.
By J.K.Guardia, 07 de Marzo de 2010
Después de este 27 de Febrero, en donde todo el mundo se ha visto descolocado por lo sucedido, el país se ha unido en forma significativa. Un claro ejemplo de esto ha sido la “Terremoton” que se efectuó el pasado 5 y 6 de Marzo con resultados sorprendentes.
Cabe destacar también la labor efectuada en el repartimiento de insumos básicos y productos de higiene por Carabineros de Chile, Fuerzas Navales y Bomberos de Chile a lo largo y ancho de nuestro país.
Es en este último en donde la población coloca sus vidas, en donde la gente confía universalmente. Así lo demuestran las caricaturas que veíamos cuando pequeños, en donde el Bombero es el que baja al gato atrapado en un árbol. Incluso, hay mucha gente que dice que es su deber cívico ayudar. Pero señora o señor, no se equivoque.
La entidad de Bomberos de Chile recibe apoyo gubernamental en Seguros de Salud, subsidios salariales y apoyos familiares en caso de decesos; pero no por sueldos mensuales como las otras entidades de servicio social. (D.L 1.757, de 7 de Abril de 1977).
Podemos decir entonces que Bomberos de Chile no tiene ninguna razón o motivo de lucha más que la vocación. Si nos remontamos a la fundación de Bomberos en 1851 en Valparaíso producto de un gran incendio, no fue hasta 1977 en que ellos tuvieron un poco de apoyo gubernamental.
Es por esto que son conocidos como voluntarios, y como ellos mismos afirman:
“¿Qué Implica para las bomberas y bomberos del país ser voluntarias/os?
-Desde el punto de vista de la economía social, ello es evidencia de que desde hace más de siglo y medio, Bomberos entrega a la sociedad chilena en forma gratuita el recurso humano que requiere el servicio ante las emergencias… ”
(http://www.bomberos.cl/)
Terremoto Chile 2010
Hernán Guardia, 1 de Marzo de 2010
Sábado 27 de Febrero, quizás uno de los peores días en la historia moderna de Chile.
A las 3:34 am del día ya mencionado, un fuerte terremoto sacudió al país, haciéndose notar desde la Región de Antofagasta hasta la Región de Los Lagos. Con un epicentro a 117 Km de la costa de Concepción, arrasó con todo a su paso.
Este mismo tuvo una masacre demoledora dejando pescadores y empresarios sin hogares ni empresas; Dichato desapareció con las olas sucedidas en el episodio; la Isla de Juan Fernández se vio afectada con más de la mitad de su zona habitable inundada, aparte de otros hechos ocurridos.
En nuestra capital, según la Presidenta Michelle Bachelet que estuvo en la ONEMI antes de las 7 de la madrugada, el terremoto fue de 8.3 grados en la escala internacional de Richter, con epicentro de 8.8 en el sur del territorio; superando así el sucedido en 1985 de 8.0 en la escala de Richter.
El diario estadounidense New York Times declaró “…mas de 1.5 millones de chilenos se han visto desplazados después de terremoto de 8.8, el segundo mas grande de Chile y del Mundo…” (By Alexei Barrionuevo, 27 February), describiendo el sentimiento colectivo por la catástrofe.
Después de este Monstruo natural, un poderoso “aftershock” o replica remató al día siguiente, terminando con la poca esperanza de los chilenos refugiados acerca de sus casas moribundas.
Las zonas de Cobquecura y Curanipe fueron las desafortunadas que sufrieron todo el impacto del Monstruo dejando a mujeres, hombres y niños sin hogar ni abastecimiento alguno, solo sus vidas vacías.
El esfuerzo de reconstrucción va a ser el más complicado ahora después de 1 minuto y medio de desesperación.
Lo único que tengo claro es que las casas de Cobquecura, Constitución, Curanipe y tantas otras ciudades, datadas desde hace mas de 200 años, que han visto la historia y fotografiado en sus murallas el lento pasar de los años en nuestra gente no podrán ser reconstruidos nunca mas.
Historia de un Naufrago

Historia de un Naufrago
By Hernán Guardia, 8 de Marzo de 2010
27 de febrero de 2010, devastador terremoto en la zona central y sur de Chile.
10 días ya han pasado después de la catástrofe, y Miguel Rojas nos relata su historia llena de milagros y tragedias sucedidas en la Isla Robinson Crusoe, en la localidad de San Juan Bautista. Su historia esta relatada en primera persona y rememora en parte el temor y la desesperación vivida en el Tsunami que azotó a la Isla que él, y muy pocas personas mas, tienen la suerte de contar.
"Eran las 3.40 de la madrugada cuando sentimos un temblor suave. De inmediato, suena el teléfono. Preguntaban por Paula, la bióloga marina que estaba alojada en mi casa junto a tres compañeros más.
En la conversación telefónica, el padre de Paula le dice que ha habido un terremoto en el continente y que suba unos 50 metros al cerro para quedarse él más tranquilo. Paula no nos cuenta esta conversación y se acuesta nuevamente. No supimos lo que le dijo su padre hasta que vimos a éste por la televisión donde lo contaba en una entrevista. Yo me fui a acostar. Seguí inquieto hasta que sonó el gong a las 4.20 más o menos. En ese momento, miro por el ventanal de mi casa y veo que la cancha de fútbol que está a unos 80 metros de mi casa estaba cubierta de agua. Fue la primera ola, la primera llenada de mar. No le dije nada a mi mujer para que no le entrara el pánico. Le dije que se vistiera rápido y vestimos a nuestro hijo, todo muy rápido. Saqué la linterna que siempre dejaba colgada junto a la puerta y cogí el mando de la televisión para quitarle las pilas. Estaba oscuro, se había ido la luz. Entonces vimos que venía la segunda ola, grande, con mucha fuerza. Grité a los biólogos; Florian, Richard, Luis y Paula.
Corran güevón, el agua está en la cancha! -les grité, y reaccionaron conmigo y corrimos. Paula se volvió a buscar algo. Mi hijo corría como una gacela, tiene 8 años y se llama Cristóbal. '¡Corre, corre Cristóbal, corre!', le dije, y no paró de correr. Cuando estábamos corriendo frente al Restaurante Cumberland vimos que la ola venía a unos 60 metros de la pólvora [el camino de evacuación] en dirección a nosotros. Teníamos que correr más rápido. Llegamos a una especie de cortafuegos y empezamos a subir. Mi hijo iba por delante; estaba ya lejos, pero las mujeres, Paula y mi mujer Mariela, estaban retrasadas. Me detengo y miro hacia atrás. La ola estaba a unos 5 metros de mi mujer y Paula no estaba. Los cables eléctricos se cortaban a nuestras espaldas. En ese momento, me percaté de que era un monstruo de 200 metros de ancho por 15 de altura lleno de escombros y que rugía como mil demonios comiéndose todo a su paso. Cuando llegaron al cerro todos vomitaron todo lo que comieron. Ismael, el novio de Paula, se volvió a buscarla pero no la encontró hasta el otro día, a unos 100 metros de donde se la llevó la ola. Fue desgarrador reconocer el cadáver, rompimos a llorar sobre ella. Me ponía en el lugar de Ismael y me sentía afortunado porque los míos estaban vivos.
Cuando estábamos saliendo de la casa y les gritaba a los biólogos, Marcelo Rossi, propietario de una hostería, y su familia, intentaban escapar en su camioneta pero la primera ola los atrapó y se llevó a su mujer. Los niños y Marcelo quedaron en el interior de la camioneta. Esta empezó a subir por la fuerza del mar y cuando estaban flotando a unos 5 metros arrojó a su hijo a los brazos de Leopoldo, el alcalde de San Juan Bautista, que es vecino. El mar se recogió pero no podía salir de la camioneta. Llegó la segunda ola y lo levantó nuevamente, esta vez más alto, unos 10 metros. Salió de la camioneta, se agarró a una rama pero su hija seguía en la camioneta. Se lanzó sobre ella y trató de romper los cristales pero no lo logró. Se da cuenta de que la otra puerta estaba abierta y saca a su hija que estaba aguantando la respiración. Logra agarrarse a un árbol. Mientras, el mar se enfurece aún más, la camioneta se eleva y se queda sobre un árbol a unos 12 metros de altura. El resto de las personas de las casas vecinas escapaban por los cerros, salvo una pareja de ancianos que murieron juntos en el mar.
Con la primera ola, Pedro Niada, su mujer con sus dos hijos, más un amigo de ellos, Matías, dormían en el Pez Volador, su hostería. Despertaron en medio de la bahía rodeados de agua. La casa se parte por la mitad pero no se separa, se quedaron en la hendidura que se formó. Trataron de subir y llegar a una ventana del segundo piso y así pudieron agarrarse a un bote que había al lado y se lanzaron al mar. Estaban casi desnudos, llegaron al bote y se subieron. Entonces llegó la segunda ola y el bote empezó a dar vueltas y los fue a dejar a la playa a unos 500 metros de donde estaban al principio. En el momento de la primera ola, había una fiesta de despedida en el Marenostrum. Les pilló y empezaron a correr. Germán, el dueño del local, se quedó el último y se lo llevó el mar. Se subió al bote El Galileo y arrancó el motor y se así pudo recoger a personas del agua, entre ellos, la mujer de Marcelo Rossi y a Ilka Paulentz, curiosamente la dueña del bote.
Más al norte estaba la hostería Martínez Green en donde vivía Joaquín, más conocido como Puntito por su pequeño tamaño. Su madre tuvo la mala suerte de elegir lo peor que hacer en estos casos y se escondió bajo la cama con Joaquín y Pablo, sus hijos menores. El mar se llevó al más pequeño y no se supo nada de él. Mientras se escondían bajo la cama, Martina golpeaba el gong aterrada porque no salía su familia de su casa. Ella estaba inquieta por el temblor que ocurrió 35 o 40 minutos antes y alertó a su familia pero no le hicieron caso. Martina se vistió y llenó una mochila con ropa y vio por la ventana que subía el mar. Despertó a su papá y fue a tocar el gong que estaba a unos 60 metros. Cuando salieron de su casa, Ignacio Maturana, cabo primero de carabineros relevó a Martina y le dijo que corriese al cerro. Con lágrimas en sus ojos golpeó el gong con más violencia aún viendo como llegaba la segunda ola, devastadora. Empezó a correr cuando calculó que la ola no le atraparía.
En la zona del cementerio, una de las más afectadas por el tsunami, Chicho, el pescador que construyó su casa con botellas, escucha ruidos y se despierta. Ve el agua en la cancha de fútbol y corre a alertar a sus vecinos. Los despierta y se sube a un eucalipto. Ahí se quedó cuando llegó la segunda ola y vio como se destruía todo. Manique, uno de sus vecinos, lloraba porque el mar le arrancó a su hijo Javier de las manos. Lo mismo le pasaba a Omar con su hija Axa, y a Danilo con su hija Maite. Mucha gente más se salvó al subir corriendo a los cerros porque escuchó el gong que tocó Martina. Estos son los horrores y milagros que no quiero volver a vivir nunca más".
(Relato extraído de www.elpais.com; por Ángel Colina)
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